viernes, 25 de julio de 2008

Quédate a mi lado hasta que encuentre lo que estoy buscando



Miró a Zillah, quien asintió. Molochai no apartó los ojos de Zillah mientras cogía la botella vacía verde y oro de chartreuse, la rompía golpeándola contra el canto de la mesa y deslizaba un filo de cristal tan cortante como una navaja de afeitar sobre la suave piel de su muñeca derecha. El cristal abrió una delgadísima raja carmesí que resultaba casi obscena en la viveza de su color. Molochai ofreció su muñeca a Christian sin dejar de sonreír. Christian pegó los labios a la herida, cerró los ojos y chupó como un bebé‚ saboreando el Jardín del Edén en las gotas de chartreuse que se mezclaban con la sangre de Molochai.

Twig aguardó en silencio durante unos momentos. Sus ojos se habían oscurecido, y la expresión de su rostro se había vuelto distante, casi perpleja. Después cogió el brazo izquierdo de Molochai con las dos manos, y mordió la piel de la muñeca hasta que la sangre también empezó a fluir sobre ella.

Jessy lo estaba observando todo con los ojos muy abiertos con cara de incredulidad. Vio cómo la boca de Christian, su estirado y siempre digno amigo, era manchada de sangre y temblaba a causa de la pasión. Vio los dientes de Twig hundidos en la muñeca de Molochai, y vio cómo la carne era desgarrada y la sangre fluía dentro de la boca de Twig. Contempló el rostro hermoso e impasible de Zillah mirándola, sus ojos brillando como joyas verdes incrustadas en una montura de adularia, y eso fue lo que quedó más grabado en su memoria de todo cuanto vio aquella noche; y se le hizo un nudo en el estómago, y la saliva inundó su boca, y un mensaje secreto viajó desde el pliegue más suave que había entre sus piernas hasta el remolino más profundo de su cerebro...

Jessy se puso en pie sin hacer ningún ruido, y la sed de sangre que tanto había anhelado conocer se adueñó de ella. Dio un salto, arrancó el brazo de Molochai de las manos de Twig e intentó pegar sus labios a la herida; pero Molochai se revolvió contra ella hecho una furia y la apartó dándole un bofetón salvaje en la cara, y Jessy sintió el dolor en su labio un momento antes de saborear la sangre que brotó de él y notar el gusto apagado y casi imperceptible de su propia sangre en su boca. Molochai, Twig e incluso el amable y bondadoso Christian estaban inmóviles y no apartaban la mirada de ella, rostros ensangrentados de ojos feroces, como perros sorprendidos cuando acaban de matar a su presa, como amantes interrumpidos.

Pero cuando Jessy retrocedió alejándose de ellos, dos brazos de piel muy caliente la rodearon desde detrás, y un par de manos grandes y fuertes la acariciaron a través del vestido de seda.

-Su sangre es pegajosa y dulzona, querida mía -susurró una voz-. Yo puedo darte algo mucho más agradable...

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